sábado, 6 de diciembre de 2008

Siempre las mismas piedras


Esta noche... Esta noche me siento tonto. Llevo ya un buen par de días sintiéndomelo, de hecho, pero hoy, en frío, creo que puedo decir ya que sí, que no aprendo.

Me la han vuelto a dar en la frente, como las otras veces. Cuando después de tanto tiempo, al fin decides conscientemente que quizás valga la pena volver a abrirse un poco para dejar pasar a alguien... Cuando, a la que te descuidas, andas fantaseando más de la cuenta, alimentando unas esperanzas ficticias sin darte cuenta siquiera de lo que haces... Y una vez más, cuando estás tan cerca de la Luna que casi puedes tocarla, la dura caída hasta el suelo, contra la inamovible realidad.

Por supuesto, sé que no soy ni mucho menos el único, que tortas nos caen a todos. Pero, que quieres que te diga, no me consuela ni apacigua un maldito carajo, y para colmo, creo que estoy recuperando la sobriedad. Maldito vodka traidor, es como un anuncio malo de desodorantes; siempre te deja tirado en el peor momento.

Lo que más me exaspera del asunto, es que no aprendo nada de estas cosas, no saco ni una conclusión en claro de la que partir, de la que mejorar. Como mucho, salgo cada vez algo mas insensible del asunto, al menos exteriormente. Interiormente, el bloqueo se encarga de que no sepa que se cuece ahí, sólo me llegan los ecos de un revuelo lejano y ajeno, en forma de esa rabia frustrada a la que tan acostumbrado estoy ya. No pasará de ahí.

Temo que todo sea culpa de esta completa ausencia de empatía mía, esta absoluta incapacidad de entender realmente a los demás, de comprenderlos y de saber qué pasa por su cabeza. Y como sale el Sol cada mañana que lo intento, que pienso y procuro ver mas allá de mis narices, pero el comportamiento humano se me hace completamente ilógico a veces (sobre todo en el género femenino), al punto de que siempre que procuro aventurar algo, las cosas van por derroteros del todo distintos.

En fin, todo es cuestión de tiempo. En unos días habré reconstruido la fachada y el fortín, y exteriormente volverá a parecer que todo está bien. Y de puertas para adentro me cuido mucho de no mirar, así que no pasa nada. Como le dije a alguien una vez, la soledad no es tan mala, es mas bien... apática. Uno solo tiene que acostumbrarse al cosquilleo ese en el pecho, y encontrar una excusa para levantarse por las mañanas (esto ya es mas complicado). Y los meses, pues bueno... pasan. De alguna forma u otra, pasan. Y tú eres un poco mas viejo, agrio, y feo.
PD: Si, la foto no pinta nada, pero pa tonto yo, tonta la imagen, ¿No?

viernes, 5 de diciembre de 2008

Sueños extraños




Apenas se ha movido la Luna dos palmos en el cielo desde que empezó a viajar de vuelta al cruce, pero no puede evitar darse la vuelta, de pie sobre una rama alta, y contemplar lo que deja atrás...el mismo corazón del Elyandel, un completo misterio todavía, incluso para él...

Ve por el rabillo del ojo el nervioso deambular de la sigilosa pantera algo por encima de él...también Luna está intranquila...Un leve suspiro, una ligera exhalación en la noche del bosque...todo parece tan tranquilo...las luciérnagas se confunden en el aire con las volutas de niebla bañadas por la luz de la luna, con las esporas, los pólenes que flotan en el aire entre los descomunales árboles monocromos que conforman el impenetrable corazón del Bosque Azul, retorcidos, enredados, unidos todos entre ellos hasta el punto en que es imposible discernir si los colosales brazos de madera que se alzan decenas y decenas de metros por encima del suelo son ramas o raíces...

Bajo el manto de estrellas, los gruesos cordones de madera casi parecen argénteos, coronados por grandes hojas de un azul demasiado intenso para ser natural. Pero lo es. Nada aquí es lo que parece ser...tan tranquilo, tan vacío...nadie podría conquistar el corazón del Bosque Azul, es algo sobrecogedor, aunque no amenazante...no para el cauto...Sus enmarañados árboles, tan grandes que hacen que los desgarradores que trepan por ellos parezcan hormigas, pulsan, laten con algo que está mas allá de la magia...con algo antiguo y primigenio, misterioso...algo que lleva siglos allí, muchos siglos... Nunca olvidará aquella noche, aquel solsticio de verano...

Llevaba muchos días intentando internarse mas y más en el bosque, viajando cada noche hacia el centro, pero por alguna razón que no alcanzaba a comprender, siempre acababa desviándose, nunca podía alcanzar la enorme densidad que podia verse a lo lejos, desde las copas de los árboles mas altos.
Sin embargo, aquella noche algo le guiaba, tenía la sensación de estar yendo hacia donde quería por primera vez en varias noches, así que siguió en la misma dirección durante horas, corriendo, saltando de rama en rama, balanceándose, descolgándose, trepando...Pero una vez mas el amanecer se le echó encima.
Maldiciendo por lo bajo, bajó del árbol, y con un penetrante silbido, le comunicó a Luna dónde estaba. Anduvo en silencio arriba y abajo hasta encontrar un glotón enfermo que le serviría bien. Tras el pesado desayuno, que le llevó media mañana, buscó un hueco frondoso entre ramas y se encogió en él, esperando despertar a media tarde. Fue un descanso extraño, muy extraño; lleno de susurros en el viento, de murmullos en las hojas, de olores silvestres, de movimiento...

Cuando abrió los ojos, creyó no haber despertado aún. Dos enormes y brillantes ojos de corzo, infinitamente negros. Apenas a un palmo de su cara, miran con una extraña y turbadora curiosidad...Una esbelta y menuda figura femenina, en cuclillas ante él, perfectamente quieta. Enredaderas su cabello, un gris azulado su piel a la luz de las estrellas, con una imposible textura de caoba...Un perplejo parpadeo, ya no está...un sueño...un extraño sueño...Se levanta el elfo con la inquietud golpeando cada vez con mas fuerza en su pecho, desorientado...un momento...la rama en que durmió era diez, no, veinte veces mas fina que ésta...Mira alrededor completamente perdido,y se convence de no haber despertado. Árboles demasiado grandes para ser de verdad extienden sus azules ramas y hojas por todos lados. Arriba, la torre arbórea parece no tener fin, abajo, no puede verse el suelo entre la amalgama de surreal vegetación. A sus espaldas, se extiende el Elyandel, uniforme en la clara noche de Luna llena, a muchos metros bajo él.

No puede haber Luna llena, ayer apenas si habia empezado a crecer...más importante aún, había dormido todo el día para despertar aquí...Y se gira de nuevo hacia el monstruoso coloso de infinitas plantas que hierve de vida. Contínuamente cree ver por el rabillo del ojo rostros que le observan desde el follaje, desde la ramas, pequeños puntos de luz, cosas brillantes, ramas que se mueven a pesar del inexistente viento...pero cada vez que mira, como si estuviese siendo presa de una retorcida broma, el onírico paisaje aparece perfectamente quieto y vacío, normal...no, algo así no puede ser normal...

Entonces empieza; un sonido como de tambores a lo lejos, de flautas y ocarinas en el viento, bien podrían ser cantos de pájaros, pero sabe que no lo son...Viene del centro, de lo profundo del gigantesco árbol, de su oscuridad azul...Y se encamina hacia el sonido, nervioso, asustado, pero hipnotizado...Algo se le acerca por detrás...oh, sólo es Luna, la sigilosa pantera, que le sigue con sinuosos andares. Ella parece tranquila.

Así que se adentra en el bosque de ensueño, un paisaje que está convencido sólo existe de noche, andando por las enormes ramas, trepando por lianas mas gruesas que él mismo, subiendo por los ciclópeos troncos de un azul blanquecino, siguiendo la extraña música, si es que se puede llamar así, que parecía venir ahora de arriba. Suben los dos, suben tanto que el elfo cree que no podrá bajar, suben durante lo que parecen horas, pero la preciosa Luna llena sigue en el mismo centro del cielo, brillando llena sin moverse un ápice.

Pero deben estar acercándose, porque se oyen cantos. Aunque más que oirse, se sienten, tirando de él hacia arriba, con voces que no son humanas ni élficas, en una lengua salvaje y misteriosa, bella en su incógnita, acentuando hasta los límites el ambiente de onírica magia de esta noche. Hace mucho que no sabe si sigue soñando o ha despertado, probablemente nunca lo sabrá. Pero solo puede seguir trepando, siguiendo la música que sabe escuchar sólo dentro de su cabeza, siguiendo los exóticos cantos. Los brazos y las piernas deberían dolerle desde hace mucho, lleva una eternidad subiendo, pero no es así, no duelen, la única sensación hoy es ese misterio que flota en el aire, esa magia que parece haberlos secuestrado en un mundo ajeno...

Y al fin, el ascenso termina, pero nadie podria haber estado preparado para lo que espera en la cima. La copa del agigantado árbol acaba en plano, en una lisa superficie de madera llana de al menos cincuenta pasos de diámetro, sobre la que bailan y retozan una miríada de seres que sólo deberian existir en las fábulas, rodeados por las ramas mas pequeñas que se alzan desde saben los dioses donde. Y todo lo corona la Luna, brillando en el centro exacto de la cúpula celeste, mayor de lo que nunca la había visto. Mujeres como la que creía haber visto abajo, de inmensos ojos negros sin pupilas, cubiertas algunas con verdes y azules hojas que parecen brotar de su misma piel, no cesan de bailar y cantar provocadoras, acariciantes. Pequeños hombrecillos con peludas piernas de cabra tocan caramillos mientras siguen extasiados el ritmo, nubes enteras de pequeños seres parecen volar por todos lados entre agudas risas, y otras criaturas aún mas bizarras se mantienen en el exterior del círculo, observando. Alda se queda paralizado por completo, sin poder dejar de observar el espectáculo que se desata bajo la luz de la luna estival, ante sus incrédulos y muy abiertos ojos. Si le quedara algo de cordura, la habría perdido en este mismo momento...

Pero de repente, toda la música cesa, todos los cantos callan, y todos los pares de ojos se clavan en él. Se escuchan los susurros por todos lados a la vez, sin que nadie abra la boca ni se mueva, sin que las docenas de ojos negros parpadeen siquiera. Y lentamente, algunas de las figuras empiezan a acercarse, aunque mas que acercarse, se deslizan hacia él, o aparecen más cerca. En unos pocos segundos el aire a su alrededor hierve de susurros inaudibles, de sensaciones indescriptibles, de sueños no soñados, mientras las figuras giran a su alrededor cada vez más cerca, sin dejar de murmurar, alargando manos fugaces para rozarlo, acariciarlo, cogerlo, estirarle hacia un lado, hacia otro, mareándolo aún mas de lo que ya lo está, volviendo todo su desconcierto, su desorientación, su miedo, en una confusa amalgama de emociones indiscernibles, tornando el surreal sueño en algo que se le antoja amenazante y peligroso.

Un violento y ronco bufido rompe el aire, sonando desagradablemente real, vulgar, partiendo la tensión de la magia flotando en el ambiente. Cuando Aldarion vuelve a abrir los ojos, está solo en el imposible patio, sólo la pantera le mira con una ambigua expresión. El mareo se abalanza sobre él con tal fuerza que no alcanza a hincar una rodilla, todo se da la vuelta, los colores se mezclan, los sonidos se deforman, y antes de caer, sólo atina a creer escuchar un fino susurro “demasiado humano...demasiado humano para nosotros...”

Menea la cabeza el elfo sobre la rama, contemplando aún los gigantescos árboles junto a Luna, y no puede evitar sonreírse amargamente. Ni siquiera a él se le escapa la ironía de que el bosque no lo reconociera como uno de los suyos...Despertó la noche siguiente, en el mismo sitio en el que cayó, Luna le esperaba. Bajó y anduvo durante mucho, muchísimo tiempo por la arboleda de imposibles proporciones, pero nunca volvió a encontrar a ninguno de esos seres allí. Se dio cuenta también de que no importaba cuanto pasara allí, que nunca amanecía hasta abandonar el lugar, y que era capaz de encontrarlo y volver ahora, aunque, por supuesto, sólo cuando el Sol ya se había escondido, pues él nunca permitiría la existencia de tal paisaje.

-Ni a un mundo, ni al otro...je...- dice bajo, sonriéndose y dejando escapar un colmillo por fuera de los labios. Vamos vieja, vamos...- y echa a correr, saltando de nuevo de rama en rama hacia los dioses saben donde...

Refugio




Otra noche despejada cubre con su manto oscuro y brillante la ciudad de la moneda, como siempre, como nunca...Por que no hay dos noches iguales en las tierras de la Intriga, hogar, perenne o caduco, de toda clase de mercaderes, aventureros, y otros extraños menos deseables.

Con un crujido de madera, el cansado oficial que guarda las murallas interiores atranca la puerta de las caravanas y hace el cambio de turno, afanándose por llegar a la relativa seguridad de su hogar antes de que oscurezca del todo...mas las sombras caen antes en los barrios bajos de la ciudad...esta noche correrán las monedas...o la sangre. Serpenteantes jirones de siniestros nubarrones intentan rodear con sus brazos a la eternamente bella Selune, que preside hoy el firmamento en la forma de medio disco del más puro e hipnotizante plateado, seguida como siempre por sus Lágrimas...Y cuando las impíamente osadas nubes cubren el astro, las apestosas y mugrientas calles empiezan a hervir de susurros inaudibles, a burbujear de sombras inquietas, de manos impacientes...como cada noche.

Los últimos labriegos cruzan la portezuela agotados, con algún que otro gemido, deseando poder tomar un caldo caliente o una cerveza fresca de la posada, poder disfrutar por un momento de los exóticos y sensuales contoneos de una bailarina, de la reconfortante y dulce voz de la joven que canta un poco mas allá, acariciando su arpa, o simplemente deseando llegar a casa y dormir unas horas sobre un lecho de paja piojosa.

Y a la vez, pequeños grupos o solitarias figuras se hacen a los caminos, en busca de fortuna, de gloria, persiguiendo una leyenda, ansiando algo que cambie radicalmente sus vidas, o quizá buscando el sentirse vivos solamente. Vigilantes ojos invisibles a la mirada inexperta cubren cada milla de caminos salvajes, e inenarrables horrores despiertan de su sueño en malditos cubiles, emplazados donde nunca han de hallarse, donde nadie ha de escuchar los desgarrados gritos.

Mas alguien parece refugiarse del mundo en la superficial tranquilidad de un claro de bosque. Huellas que han manchado de sangre la húmeda hierba delatan el camino seguido por el prófugo, llevando estas hasta el pie de un arbolillo junto al río. Un espectador atento se daría cuenta de que la sangre corre también tronco arriba, hasta una escuálida rama sobre la que descansa una menuda y extraña figura, de cara a la Luna. La tenue luz del astro resalta, enmarca sutilmente una piel plagada de marcas y cicatrices, bajo la que culebrean nerviosos los músculos. La alborotada melena plateada le cubre el rostro mientras lame las tres zanjas carmesíes en su hombro, de las que gotea el oscuro fluido vital.

Alza luego la vista a la argéntea reina, la intensamente amarilla mirada brillando desafiante...y es que tan perdida está, que poco mas que desafiar, que rebelarse, puede hacer. Un lejano aullido, que no tarda en encontrar eco por todos los alredores, le hace aplastar las orejas con un gruñido, recordándole hechos que preferiría olvidar...Pero últimamente nada está en su sitio...Los extraños lobos aparecen cada vez con mas asiduidad, cada vez se acercan mas...la última vez pudo espantarlos, pero puede olerlos cada día mas cerca...volverán...Y se abraza con la aterciopelada cola cuando siente un incómodo escalofrío al pensar que quizá la próxima vez sean mas, o mas fuertes, o peor aún...que “eso” consiga volver a salir...

Fugaces flashes, retazos de memoria que solo se le presentan en sueños le hacen estremecerse aún cuando mira a la cara a Selune, y siente que la rabia de su pecho se une a la tibia luz del astro en su pulsante titilar, para latir acompasadas...Y lo nota un poco mas cerca de la superficie, un paso mas cerca de volver a hacerse con el control...Aquella vez despertó aquí mismo, tirado al lado del arroyo, rodeado de los demás...la Pequeña dijo que no fue él quien la hirió, pero no podia estar seguro de eso...y luego, la maldita oscuridad, los gruñidos y los mordiscos, y aquel duro pelo que sus zarpas apenas podían atravesar. Y para colmo, los chupasangres volvían a moverse mas de lo normal de un tiempo para acá...podía sentirlo en las cuevas, en los túneles, el peligro acechaba tras cada recodo, relamiéndose ansioso entre apagados murmullos.

“No, no es momento para debilidades...” piensa meneando la cabeza severo, negando de lado a lado. “ Y sin embargo es ahora cuando mas débil me siento...si no hago algo, la próxima vez será otro quien lo pague...” Y al cruzar su mente el desalentador pensamiento, aprieta la mandíbula de forma inconsciente, clavándose los colmillos en el labio. Rebusca en su desordenado fardo, hasta encontrar la pequeña cajita, que abre con cuidado para sacar de ella un inusualmente bien cuidado pergamino. Lo lee mentalmente para sí, reforzándose su resolución, para volver a guardarlo luego y descolgarse con una ágil voltereta de la rama.

Marcha. Marcha hasta que esté mas seguro de quien es, donde no pueda transformarse en la debilidad de nadie, ni nadie en la suya. Se aleja hacia la profundidad del bosque, buscando la fuerza, como siempre, la segura soledad.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Hubo un tiempo




Hubo un tiempo en que el mundo dejó de ser mundo. Un tiempo en que todo caía, todo se desmoronaba, nosotros también. Un tiempo en que no comprendíamos, en que nos ahogábamos en nuestro propio terror, en nuestra misma agonía. Un tiempo en que lloramos y nos arrastramos, pidiendo a gritos un poco de tregua, un instante de paz.

Un tiempo en que no escucharon, en que no hubo piedad alguna, en que olvidamos lo que eso significaba. Una oscuridad en la que temblamos, en la que nos agazapamos entre sollozos buscando una tranquilidad que ya no existía, que nunca existió. Hubo un tiempo en que despertamos, en que abrimos los ojos, y vimos lo que antes no nos atrevimos a mirar. Pero miramos, observamos por entre las grietas de la desgarrada realidad, a través de los escombros de nuestra cordura.

Recordamos apenas un tiempo en que atisbamos parte de la verdad a través de un resquicio. Fue un tiempo horroroso, nadie quiere recordarlo ya. La verdad nunca es bonita, ni aún en los cuentos de hadas. Hubo un tiempo en que deseamos morir, esperando un final rápido e indoloro, un tiempo en que buscamos ese fin. Pero, de alguna forma, aguantamos ese tiempo. No fue por deseo de vivir, pues este se había extinguido ya mucho atrás...fue...a veces creemos que fue simple rebeldía, primaria e inmadura.

Un tiempo en que vencimos al dolor y al sufrimiento, en que abatimos la oscuridad. No. Mentiras. A nada ni nadie vencimos, sólo pudimos apartar. Dejarlos a un lado y mirar al extremo contrario, esperando que el rabillo del ojo no nos traicionara. Hubo un tiempo en que solo eso conseguimos, y no poco nos costó. Casi nos cuesta todo, casi nos cuesta demasiado...Si...demasiado...nos lo costó. Pero vivimos.

Hubo un tiempo en que dejamos de sentir, dejamos de escucharnos, pues nada teníamos ya que decir, un tiempo en que nuestras carcasas vacías corrían. Un tiempo en que los débiles soportamos lo que empezamos a volver a ver a nuestros lados, porque atrás no queremos mirar. Porque nada arreglamos, nada curamos...y ahora es más grande, más frío, más oscuro, más vacío...más fuerte.

Hubo un tiempo por el que nos odiamos, como hay un tiempo por el que nos odiaremos.

Un pequeño viaje

Rescato uno de los escritos de Edhanna Dhae, webmaster de Lavondyss, que mas me ha gustado. Tanto, que me gustaría compartirlo, por mucho que no sea mío:

Me gusta conducir de noche, por carreteras desconocidas, y tan solo con la tenue visión de esos cien metros que permiten los faros.

Lo peor de vivir rodeado de agua, es que esas carreteras siempre llevan al mismo sitio. Es como estar encerrado en un pequeño laberinto plácido y perfumado, pero laberinto al fin y al cabo.

Ya que difícilmente puedo caminar como una persona completa (lo cual me jode, ni asimilarlo ni nada no te hagas ilusiones, siempre jode y punto) el coche ha sido la salvación de un viajero frustrado. (Quizás la razón de mi interés por los mundos virtuales, es que permiten recorrer un atlas nuevo, del que no se conocen topónimos aún, y mucho espacio en los mapas permanece en blanco. Aunque es un consuelo pasajero). “Viajar es la cura contra los nacionalismos”, me decía una persona que conocí en Santiago, este verano, en la oscuridad de un bar repleto de humo, deliciosamente rodeado de piedras y cera de vela por todas partes, haciendo trucos de magia.

Y ese estremecimiento ante lo desconocido, esa penumbra más allá de la luz de los faros, es adictiva. La falta de seguridad, es adictiva, como la montaña rusa, como el tabaco de liar, como los gatos, como las sonrisas.

-Escribiremos sobre la banalidad…

-¿La banalidad? - Preguntó ella.

-¡Claro! La banalidad es el perfecto antagonista de nuestra historia. – Le contesté-. El más claro ejemplo del mítico y fiero enemigo. La banalidad es el enemigo del glamur, pero el glamur de antes, no el de ahora pues la palabra fue secuestrada y pervertida. Glamur no son “famosos” aunque ellos sí que quieran transformarse en esa palabra de manera patética, la mayor parte de las veces.

-¿Y el protagonista? –Preguntó.

-Pues será un gato, por supuesto. – Le contesté con seguridad.

Recorrimos tantos kilómetros que no consigo recordar cada momento, y eso me apena. Pues cada minuto fue apacible y sosegado. En aquel valle o en la más alta montaña, bajo el tórrido verano o con el frío cortante del paso de montaña. Fueron momentos de silencios tranquilos. Los que se llevan mejor que otra cosa. Lejos de banalidades. Cada minuto fue elegante…si, elegante.

Elegante…

Nos fuimos de copas con el rey del sueño. Y un deseo estaba detrás de todos los pasos, solemne y perturbador. Yo lo vi, o la vi muchas veces. Apoyada en este o aquel árbol. Sentada en la valla, bajo un roble. En lo más oscuro y en el claro más luminoso. Todo para permanecer rodeados a lo largo de muchas hectáreas por el hechizo más cautivador. El que espanta la banalidad, el que permite que permanezca la esperanzadora y adictiva incertidumbre, el afán de la sorpresa, la ilusión de lo inesperado. El que nos da la fuerza de hacer cada minuto de nuestra vida, elegante…

Sin tener nada seguro, sin tener nada sujeto de pies y manos. Sin anhelar que el tiempo sea nuestro esclavo y hacerle jurar a latigazos que nuestro futuro no es incierto. Al respirar el aire de aquella montaña, en un día del que no recuerdo, esperé que todos los días fueran como aquel, sin saber donde dormiría aquella noche, o la noche siguiente. Nunca más. Que todo fuera por siempre incierto, y que jamás bajo ningún concepto, me predijesen el futuro, ni el final de todas las cosas.

Pues, al final de todo, siempre y únicamente, sé muy bien que solo estaré yo.


Fuente: http://www.lavondyss.net/

martes, 2 de diciembre de 2008

Desvaríos

Anoche no supe aullar a la Luna
Lo intenté y lo intenté, yo buscando su consuelo
Pero ninguno de mis intentos a ella pareció gustar
Al final la de plata me miró, y extrañada, preguntó:
"Los gatos no lloran, los hombres no aullan,
y lobo seguro no eres. ¿Quien eres pues, que no sabes lo que intentas?"
"Pues si las almas de gato no lloran, y mis ojos de hombre se secaron,
¿De qué otra forma me he de lamentar?"
La Luna negó, y paciente, escuchó,
hasta que las voces se quebraron y los suspiros callaron, y finalmente, susurró
"¿Cómo ha de saber llorar, aquel que desconoce lo que su pecho encierra?"

Seguridad...o libertad



Dos palabras. Dos ideas, dos privilegios que la mayor parte del mundo civilizado cree conocer. Pero esto no puede ser así, no se puede disfrutar de ambas, pues son ideas opuestas, son objetivos radicalmente enfrentados. Por un lado la seguridad, que implica orden, estabilidad, linealidad... la cara previsible y estructurada de la vida, aquella que, presumiblemente, nos hace sentir a gusto cuando podemos aventurar, sin miedo de cometer grandes errores, lo que va a ser de nuestra vida en un futuro a corto y medio plazo.
En el extremo opuesto, la libertad; el caos, la ausencia de barreras, lo inesperado, las cosquillas del nunca saber que va a ser lo siguiente...

No es difícil ver que no se pueden aumentar las dosis de una sin que perdamos parte de la otra, un mundo de completa libertad seria altamente peligroso para todos, pues quedaríamos a merced de la libertad de los demás, a merced de nuestros propios errores, de nuestra misma torpeza... en definitiva, a merced del mundo. En una realidad perfectamente segura, en cambio, nuestra capacidad de decisión se vería reducida a elecciones nimias y banales, con opciones a escoger entre un abanico ya determinado de antemano. Por esto, se intenta buscar un equilibrio entre ambas, un punto intermedio que nos permita al menos vislumbrar un destello de ambas... ¿O no?

Echad un vistazo por la ventana, ahí abajo, a esa calle gris en que van encendiéndose las farolas, con la gente andando arriba y abajo en sus chaquetones, sin mirar a nada ni nadie fuera de sus propios pies... La balanza dista mucho de estar equilibrada, pero ah, no podemos quejarnos... Eso que tenemos lo hemos elegido nosotros. O eso dicen. Sin embargo, parece que el instinto de autoconservación del hombre ha sido lo primero desde que aquel maldito mono se puso en pie, y a esto hemos llegado.

Una libertad cortada tras otra, como un seto que va menguando a manos de un jardinero demasiado patoso que intenta una y otra vez arreglar sus contínuos errores. Sabes que tienes que estudiar, porque así funciona el mundo. Que tienes que sacarte una carrera para poder trabajar y ganar mucho dinero... Y comprarte un coche enorme y un piso en el centro, y casarte con una mujer que no conoces y aportar hijos a la colmena. Hijos que no verás crecer, porque para eso están las guarderias.
Así que pasarás tu vida en una oficina o un taller, permitiéndote un mes de vida al año en que viajarás a todo correr por tantas ciudades como puedas en el mínimo tiempo. Y harás muchas fotos de sitios que no has conocido. Para poder mirarlas el resto del año, o enseñarlas a las visitas. Al final te jubilarás, y languidecerás lentamente durante una cantidad exagerada de años, viendo tu calidad de vida descender agónicamente hasta que pierdas la autosuficiencia y tengan que cuidar de ti o te encierren en un asilo. Y al final, el cáncer o tu viejo corazón ponen punto y final.

No quiero imaginar el terrible momento en que todo acaba y ves lo que has hecho a lo largo de tu existir... Y yo pregunto... ¿Por qué? ¿Por qué esa obsesión por vivir o, mas bien, subsistir a toda costa? ¿Realmente es tanto el valor de una vida larga? Larga y vacía, digo yo. Cuando masticas el chicle demasiado rato, acaba perdiendo el sabor... ¿Hay acaso un fin mejor que aquel que te llega cuando haces algo que realmente te llena, o cuando intentas uno de esos grandes objetivos que sonaba a sueño imposible, sin importar si tienes veinticinco años o ochenta? Me da mucho miedo morir, muchísimo. Me da mucho miedo morir sin haber vivido, sin haber luchado pòr algo...

Esta obsesión nuestra por no correr riesgos de ningún tipo, por saber que mañana estaremos bien, que nadie ni nada puede acecharnos... Lleva al mas amargo de los finales, a un vacío insípido y desolador...

Leí una vez, en un cuento publicado en la web de Lavondyss, de la que soy un gran fan, una frase que me gustó sobremanera:

"Al respirar el aire de aquella montaña, en un día del que no recuerdo, esperé que todos los días fueran como aquel, sin saber donde dormiría aquella noche, o la noche siguiente. Nunca más. Que todo fuera por siempre incierto, y que jamás bajo ningún concepto, me predijesen el futuro, ni el final de todas las cosas."

No podría estar mas de acuerdo. Siempre he odiado que me hagan planes, que me obliguen a organizar, a preparar. De un viaje se conoce el origen, los primeros pasos a lo sumo... De lo contrario no es un viaje, es una visita guiada, y matas por completo la esencia de éste.

Me estoy preparando para mudarme, para independizarme. Vivo en Barcelona, y en breve marcharé a Málaga. He apalabrado un piso de alquiler eso sí, pero nada mas. La gente se extraña de que me vaya sin un trabajo fijo, sin saber seguro qué quiero hacer, que planes de futuro. Yo sólo sé que estoy cansado de esto, y quiero un cambio de aires. Y dudo mucho que me quede demasiado tiempo allí, porque probablemente tampoco sea lo que busco. Pero solo hay una forma de comprobarlo, y si aquel no es el lugar, otro lo será.

Y aun me queda la espina de mi pequeño viaje, algo que quiero hacer a toda costa antes de que el sentido común me coja en nuestra particular carrera. Quiero echarme una mochila a la espalda, con un poco de dinero, el justo para volver, y un par de mudas de ropa. Y nada mas. Marcharme, a pie, y ver hasta dónde, hasta cuando. Quizás a la semana me cansara de vagabundear, quizás pasen los meses. No lo sé, pero quiero hacerlo, quiero obligarme a mantener al menos esa chispa de espíritu, ese resto de valor.

Quizás se trate de simple inmadurez, pero hace años que no aguanto nada mas de unos pocos meses. He empezado todo tipo de estudios, desde la universidad a cursos de formación ocupacional, he pasado por una decena de empleos convencionales, e inevitablemente, acabo mandándolo todo al carajo al poco tiempo. Niñato mimado, me direis. Quizás. El caso es que a estas alturas sé perfectamente que no podría dedicarme nunca a un trabajo "normal". Intento prepararme para bombero, si me quedo sin dinero, quizás pise el ejército, o saben los dioses que será lo próximo que se me ocurra.

Me conformaré con que haga alzar una ceja a quien me oiga, y provoque alguna mala mirada, o una negación de cabeza. Eso significará que al menos no estoy en su camino vallado, que sigo perdido campo a través... Para bien, o para mal.